La feria de todos los santos
Amaneció nublado y al medio
día el sol se posó en lo más alto del cielo. Domingo 25 es el día que la
gente se reúne alrededor del zócalo para contemplar el desfile de los muertos.
La gente empieza a llegar
desde las 8 a fin de tomar el mejor lugar para ver la marcha. A las 9 todo el
lugar está lleno y ya no cabe ni un alma más, pero el público ansioso debe
esperar una hora más para admirar el desfile de muertos.
Llega la tan esperada hora, miles
de catrinas de todos los tamaños, diablitos y algún que otro fantasma tímido, llenan
las calles principales de la capital de Tlaxcala, que desde las 7 de la mañana
fueron cerradas. Anuncian con sus coloridos trajes el inicio de la feria más
importante del año en la entidad.
Pero aunque los diablitos
sean divertidos, son las catrinas quienes ganan el protagonismo. Algunas van en
sus imponentes carros adornados, otros dan maromas, cantan, ríen o se acercan a
la audiencia; algunas más generosos arrojan dulces mientras las personas se
pelean por agarrar una paleta. La mayoría de los dulces caen destruidos al
suelo y tocados por abundantes manos.
Las catrinas más vanidosas se pasean en trajes
de mariachi, brillantes; ondulan sus largas faldas, van de traje negro y llevan
sus vestidos elegantes. Incluso hay quienes optan por un traje más tlaxcalteca y
visten de huehues o con largas
trenzas llenas de listones.
A lo largo de casi 10 calles
de un trayecto que inicia en la Avenida Independencia y culmina en el Instituto
Tlaxcalteca de la Cultura, los 64 contingentes de muertos y espectros desfilan
ante los cientos de espectadores que los admiran y niños que espantados
esconden la cara en su rostro de sus padres.
Al terminar el desfile de
calacas, la gente se dirige al centro expositor para continuar la fiesta. El
lugar cada año es sede de la mayor fiesta para los tlaxcaltecas: la feria de
Tlaxcala, conocida también como la feria de todos los santos.
Desde la entrada al lugar se
percibe el olor característico de la feria: una mezcla de pan artesanal
horneado, esquites, corrida de toros, chelas, el aceite de los juegos mecánicos,
mole, pulque y talavera. La gente se
esparce por el lugar en busca de entretenimiento, otros de cultura, algunos de alcohol.
Las conversaciones son todas parecidas "
¿qué te pareció el desfile", "estuvieron chidos sus trajes ¿no?"
, "no me agarré ni una pinchi
paleta".
La gente da una vuelta por
la zona de artesanías y de comida, los padres se pasan toda la noche en la zona
de juegos con sus hijos, los antros se llenan de jóvenes universitarios y
algunos de preparatoria que afirman tener más de dieciocho. Esa noche la mitad
de Tlaxcala no duerme porque esta festejando. Luces por doquier, gritos de
emoción, regateos y el murmullo de la gente hacen que el ambiente esté vivo. La
noche aún es larga.
La gente ahora dice cosas como "vamos a subirnos al martillo",
" ¿tres tacos por 38 pesos? ni que me hicieran más guapa", "
vamos por una miche aquí están más baratas" o " ¿quién va estar en el
palenque? ". Cada quién disfruta a
su manera la noche, los tlaxcaltecas saben que aún tienen tiempo suficiente
para festejar hasta el 16 de noviembre que la feria culmine.
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