martes, 27 de octubre de 2015

Crónica



La feria de todos los santos

Amaneció nublado y al medio día el sol se posó en lo más alto del cielo. Domingo 25 es el día que la gente  se reúne alrededor del zócalo  para contemplar el desfile de los muertos.
La gente empieza a llegar desde las 8 a fin de tomar el mejor lugar para ver la marcha. A las 9 todo el lugar está lleno y ya no cabe ni un alma más, pero el público ansioso debe esperar una hora más para admirar el desfile de muertos.

Llega la tan esperada hora, miles de catrinas de todos los tamaños, diablitos y algún que otro fantasma tímido, llenan las calles principales de la capital de Tlaxcala, que desde las 7 de la mañana fueron cerradas. Anuncian con sus coloridos trajes el inicio de la feria más importante del año en la entidad. 

Pero aunque los diablitos sean divertidos, son las catrinas quienes ganan el protagonismo. Algunas van en sus imponentes carros adornados, otros dan maromas, cantan, ríen o se acercan a la audiencia; algunas más generosos arrojan dulces mientras las personas se pelean por agarrar una paleta. La mayoría de los dulces caen destruidos al suelo y tocados por abundantes manos.

 Las catrinas más vanidosas se pasean en trajes de mariachi, brillantes; ondulan sus largas faldas, van de traje negro y llevan sus vestidos elegantes. Incluso hay quienes optan por un traje más tlaxcalteca y visten de huehues o con largas trenzas llenas de listones.
A lo largo de casi 10 calles de un trayecto que inicia en la Avenida Independencia y culmina en el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, los 64 contingentes de muertos y espectros desfilan ante los cientos de espectadores que los admiran y niños que espantados esconden la cara en su rostro de sus padres. 

Al terminar el desfile de calacas, la gente se dirige al centro expositor para continuar la fiesta. El lugar cada año es sede de la mayor fiesta para los tlaxcaltecas: la feria de Tlaxcala, conocida también como la feria de todos los santos. 

Desde la entrada al lugar se percibe el olor característico de la feria: una mezcla de pan artesanal horneado, esquites, corrida de toros, chelas, el aceite de los juegos mecánicos, mole, pulque y  talavera. La gente se esparce por el lugar en busca de entretenimiento, otros de cultura, algunos de alcohol. Las conversaciones  son todas parecidas " ¿qué te pareció el desfile",  "estuvieron chidos sus trajes ¿no?" ,  "no me agarré ni una pinchi paleta".

La gente da una vuelta por la zona de artesanías y de comida, los padres se pasan toda la noche en la zona de juegos con sus hijos, los antros se llenan de jóvenes universitarios y algunos de preparatoria que afirman tener más de dieciocho. Esa noche la mitad de Tlaxcala no duerme porque esta festejando. Luces por doquier, gritos de emoción, regateos y el murmullo de la gente hacen que el ambiente esté vivo. La noche aún es larga.
La gente ahora dice cosas como  "vamos a subirnos al martillo", " ¿tres tacos por 38 pesos? ni que me hicieran más guapa", " vamos por una miche aquí están más baratas" o " ¿quién va estar en el palenque? ".  Cada quién disfruta a su manera la noche, los tlaxcaltecas saben que aún tienen tiempo suficiente para festejar hasta el 16 de noviembre que la feria culmine.

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